DREAMER

lunes, 22 de noviembre de 2010

Un camino sin retorno





 

Un camino sin retorno

La alondra conoce un momento singular que los ornitólogos denominan de acecho,los poetas de éxtasis y los campesinos de alegría. Con un aleteo intenso y recto sube hasta alcanzar una altura de siete o diez metros y desde allí, flotando, casi sin mover otra cosa que las rápidas alas,mira hacia la tierra cuyo color viste con el orgullo de quien vence, periódicamente, su ley de gravedad. Para los ornitólogos esa es la manera que la alondra tiene de escrutar los límites de su territorio; para el campesino, el modo en que observa y vigila la pequeñez de sus huevos, y para los poetas, para los poetas la alondra estiliza en ese hábito el lapso entre la compresión de lo que pesa y la visión de lo que levita. Por eso los sufis españoles dicen que es el ave de la taraqqi,el signo de elevación. Ibn al-Habbib de Málaga, que vivió en el siglo XI, cazador de niño y poeta tardío, escribió:
" Si buscas el éxtasis olvida el miedo
Olvida tu peso y tu medida
Deja de lado tu nombre y tu historia
Véte al campo a estudiar a la alondra
y contémplala hasta que tus párpados copien
el batir de sus alas,
Si buscas el éxtasis no quieras regresar
a la situación de antes de buscarlo"
Se dice que salía a los prados para ver a la alondra y que tendido cara al cielo, entre las hierbas,seguía con la mirada su vuelo ondulante y con los oidos la canción que fluía en circulos. Tardó años en comprender que su melodía se hacía tanto mas hermosa cuando el ave volvía a la tierra, y que, en su imperiosa caída vertical, engañaba al suelo con un silencio de alas plegadas haciéndole imaginar un choque que nunca ocurría, pues a pocos palmos de las matas frenaba su descenso con una contradanza y un leve erizamiento de su cresta. Como jamás regresa al punto del que partiera su vuelo, los ornitólogos sospechan que de ese modo distrae a sus predadores, los campesinos, que juega a disimular su placer y los poetas, los poetas como Ibn al- Habib, que así es el éxtasis. Suspensión en el vacío, ojos que vuelven de un aleteo que ya no es.

Mario Satz

( Este texto procede del libro de Mario Satz " La parábola de los pájaros cantores " )





La personalidad y la obra de Mario Satz conforman un permanente cuestionamiento de las fronteras geográficas, políticas y, en el terreno literario, de los géneros. Su cultura se ramifica abriendo particulares caminos al saber como lo hacían los humanistas del Renacimiento. Como a éstos, a él el saber científico no le es indiferente, ni el de la cábala, de la que es uno de los más importantes especialistas, y tampoco el arte plástico, en particular la acuarela, suerte que ejecuta con la delicadeza de los chinos, como se aprecia en las ilustraciones que firma en La parábola de los pájaros cantores (Miraguano Ediciones, 2008).
En este hermoso libro, como ya lo indica su título, los pájaros son los protagonistas de una delicada metáfora de la vida y el alma humanas, en lo que éstas tienen de destello del Universo. Con el tono envolvente de los viejos contadores de cuentos y la evocación prosódica en cada una de las fábulas de las narraciones orientales, cuyo ejemplo más significativo para los occidentales acaso sea la vasta Mil y una noches, Mario Satz enfrenta al lector ante verdades tan sencillas como esenciales.
Todas las fábulas contienen una enseñanza presente en la tradición de los cinco continente, pero tal vez la que mejor define el espíritu de este libro dulcemente poético es la LXI, que narra la historia del miná de Java comprado por un amaestrador de pájaros indio, quien le enseña a hablar. Krishniki, que así es bautizada el ave, en su «prodigiosa mente de pájaro archivaba incluso las medias palabras o los más débiles sonidos que se producían a su lado, ignoraba qué cosa sea el olvido». Tras una larga vida y las peripecias que hacen al relato, antes de morir el misná cantó: «Dulce como la miel es esta tierra para todos los seres. Dulce como la miel son todos los seres para esta tierra.»



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