DREAMER

domingo, 26 de diciembre de 2010

De mujeres de ojos grandes - Angeles Mastreta





La tía Leonor tenía el ombligo más perfecto que se haya visto. Un pequeño
punto hundido justo en la mitad de su vientre planísimo. Tenía una espalda pecosa
y unas caderas redondas y firmes, como los jarros en que tomaba agua cuando
niña. Tenía los hombros suavemente alzados, caminaba despacio, como sobre un
alambre. Quienes las vieron cuentan que sus piernas eran largas y doradas, que el
vello de su pubis era un mechón rojizo y altanero, que fue imposible mirarle la
cintura sin desearla entera.

De mujeres de ojos grandes - Angeles Mastreta

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