DREAMER

domingo, 10 de octubre de 2010

Alberto Cortez: Castillos en el aire.

Castillos en el aire - Alberto Cortez



Quiso volar
igual que las gaviotas
libre en el aire
por el aire libre
y los demas
dijeron pobre idiota
no saben que volar
es imposible
mas extendio
las alas hasta el cielo
y poco a poco
fue ganando altura
y los demas quedaron en el suelo
vestidos de cordura
Y construyó castillos en el aire
a pleno sol con nubes de algodon
en un lugar a donde nunca nadie
pudo llegar usando la razón
Y construyó ventanas fabulosas
llenas de luz de magia y de color
y convocó al duende de las cosas
que tiene mucho que ver con el amor. ..
En los demás
al verlo tan dicho
so cunió la alarma
se ctaron normas
no vaya a ser
que fuera contagioso
tratar de ser feliz
de aquella forma
La conclusion
fue clara y contunnte
lo condenaron
por su chi
fladura
a convivir vo con la gente
guardando la cordura
Por construir castillos en el aire
a pleno sol con nubes de algodón
en un lugar a donde nunca nadie
pudo llegar usando la razón
Y construir ventanas fabulosas
llenas de luz de magia y de color ,
y convocar al duende de las cosas
que tiene mucho que ver con el amor .. .
Acaba aqui la historia del idio
ta , que por el aire por el aire li
bre quiso volar igual que las gavi
otas , pero eso es imposible.

O no?






EL REPARADOR DE SUEÑOS SILVIO RODRÍGUEZ






 Silvio Rodriguez El reparador de sueños

EL REPARADOR DE SUEÑOS
SILVIO RODRÍGUEZ

Siempre llega el enanito
con sus herramientas
...de aflojar los odios y apretar amores.

Siempre llega el enanito,
siempre oreja dentro
con afán risueño de inundar lo roto.

Siempre apartando piedras de aquí,
basura de allá, haciendo labor.
Siempre va esta personita feliz
trocando lo sucio en oro.

Siempre llega hasta el salón principal
donde esta el motor que mueve la luz.
Y siempre allí hace su tarea mejor
el reparador de sueños.

Siempre llega el enanito
hasta la persona,
hasta todo el pueblo, hasta el universo.

Siempre llega el enanito
y desde esa hora
se acaba el silencio y aparece el trino.




Hace ya muchos años, cuando tan solo contaba yo con dieciocho, trabajaba en una guardería. Durante el tiempo del comedor solía poner a los niños esta canción. A mis compañeras ya les parecía que era rara por poner música a la hora de comer cuando el griterío es tan apabullante que la sola idea de que escuchen la música resulta utópica pero que mi opción fuera poner música de Silvio Rodríguez en lugar de canciones infantiles ya me sirvió para que me vieran como diferente y extraña, aunque había muy buen ambiente en aquel colegio y el compañerismo uno de nuestros deliciosos privilegios. En secreto les confieso que el hecho de poner a cantar a Silvio durante el tiempo dedicado a que un montón de niños de diferentes edades (entre dos y cinco años) que ya llevaban unas cuantas horas fueras de sus casitas y lejos de sus papas, ya me servía a mí para ponerme en cierta disposición de ánimo que venía muy bien dada la coyuntura, pero también sentía que aquella musiquita suave y cadenciosa unido al peculiar registro de voz de Silvio podía relajarlos un poco. El experimento funcionó. Los decibelios bajaban notoriamente cuando había música. Al cabo de unos días ellos si yo olvidaba consciente o inconscientemente ponerla, ellos la pedían, algunos empezaron a tararearla y casi siempre solicitaban un bis, lo más emocionante fue descubrirnos cantándola al unísono muchos niños, alguna que otra cuidadora y yo, mientras los otros escuchaban con mucho gusto mientras comían y bien sabido que comer tranquilo propicia buenas digestiones pero que comer feliz las vuelve auténticas y nutritivas sinfonías.
Durante unos meses Silvio Rodríguez se volvió habitual comensal en un pequeño comedor infantil de una pequeña guardería en una Isla pequeñita de enfrente de su Isla natal, aquí en Gran Canaria al otro lado del Atlántico...
Y a mí,  siempre que escucho esta canción, por aquello del condicionamiento clásico del Señor  Paulov,  me huele a comida,  se me llenan las orejas de aquel adorable griterío, y siento manitas y besitos lindos por todos lados, también escucho como si de este mismo instante se tratara aquello de:
¡Tery,  pon la canción del enanito!!!
Y me encanta esta maravilla

Teresa Delgado © 2010




Teresa Delgado © 2010

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NANA DE LLUVIA





NANA DE LLUVIA (Carlos Nuñez)
Dedicado al mar. A todos los seres que viven del mar. A todos los seres que habitan el mar. A aquellos que aman el mar, a los que están rodeados de mar, a los que le escriben al mar, a los que le hablan y le preguntan y sobretodo a los que esperan eternamente a su orilla que les devuelva una respuesta caricia.
Teresa Delgado