DREAMER

miércoles, 19 de octubre de 2011

De Habitaciones separadas (1994) de Julio García Montero




Habitaciones separadas
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.

De Habitaciones separadas (1994) 

Luis García Montero
Luis García Montero (Granada, 1958) es poeta y Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada. Es autor de once poemarios y varios libros de ensayo. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero, el Premio Loewe en 1993 y el Premio Nacional de Literatura en 1994 por Habitaciones separadas. En 2003, con La intimidad de la serpiente, fue merecedor del Premio Nacional de la Crítica.




“Tono sostenido, poderosa nostalgia, emoción delicada que no alza la voz, poesía escueta, ceñida, Habitaciones separadas es la obra de un poeta joven, pero ya importante. La poesía de Luis Gracia Montero indica una de las tendencias mas valiosas de la lírica española contemporánea, esa línea que se ha llamado “poesía de la experiencia”. Podríamos llamarla también poesía de la vida, poesía que trata de explorar la realidad de todos los días, que colindan por una parte con lo maravilloso y por otra con lo cotidiano. Es un libro lleno de emociones en el cual, estoy seguro, los jóvenes van a reconocerse. Pero no solo ellos, todos nosotros podemos reconocernos en muchos momentos de este libro escrito en versos diáfanos y al mismo tiempo inteligentes”
Octavio Paz

3 comentarios:

  1. A mi también me gusta mucho Luis García Montero, tiene un poema maravilloso dedicado a Granada. Yo que soy granadina me emociono cuando me llega la sonata triste

    http://es.filesmap.com/mp3/UYs9/luis-garcia-montero-sonata-triste-para-la-luna-de-granada/

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  2. Sonata Triste Para La Luna de Granada

    A Marga
    "Le ciel est par-dessus le toit"
    Paul Verlaine

    Esta ciudad me mira con tus ojos,
    parpadea,
    porque ahora después de tanto tiempo
    veo otra vez el piano que sale de la casa
    y me llega de forma diferente,
    huyendo del salón,
    abordando las calles
    de esta ciudad antigua y tan hermosa,
    que sigue solitaria como tú la dejaste,
    cargando con sus plazas,
    entre el cauce perdido del anhelo
    y al abrigo del mar.
    Estarías aquí
    y nada habría cambiado sino el tiempo,
    el cadáver extraño de sus ríos
    que siguen sumergidos
    como tú los dejaste.
    Ahora
    siento otra vez mi cuerpo poblarse de veletas
    y lo veo entendido
    sobre generaciones de ventanas antiguas
    mientras la noche avanza solitaria y perfecta.
    Somos de una ciudad
    cargada de paciencia,
    que no conoce el sueño de los invernaderos,
    ni ha vivido la extraña presencia del amor.
    Como pequeñas venas
    los comercios esperan para abrirse mañana
    y el deseo no existe
    más allá de la luna de los escaparates.

    Hemos soñado ya todos los sueños,
    hemos vivido aquí
    donde la historia olvida sus raíles vacíos,
    donde la paz es negra y se recoge
    entre plazas cerradas,
    sobre tabernas viejas,
    bajo el borde morado del misterio.

    Alguna vez soñamos
    con un mundo distinto:
    era cuando el imperio perdido del azúcar
    y llegaban viajeros
    al olor de la industria.
    Las calles se llenaron de motores rugientes
    y la frivolidad
    como una enredadera brillante por los ojos
    nos ofreció de pronto
    templada carne, lámparas de araña.
    Parece que os recuerdo
    abrasados al mundo entre trajes de hilo,
    entre la piel hermosa de una época
    que nos dejó sus árboles,
    el corazón grabado
    sobre las pitilleras, y su dedicatoria
    en las fotografías.
    Ahora
    cuando el destino ya no es una excusa
    sino la soledad,
    y los cielos están bajo el tejado
    como tú los dejaste,
    todo recuerda un sueño sucio
    de madrugada.
    Aquí
    no tuvimos batallas sino espera.
    La guerra fue un camión que nos buscaba,
    detenido en la puerta,
    partiendo con sus ojos encendidos
    de espía
    y al abrigo del mar.
    Más tarde
    entre canciones tristes de marineros rubios
    todo quedó dormido.
    De balcón a balcón
    oímos la posguerra por la radio,
    y lejos,
    bajo las cruces frías de las plazas,
    ancianas sombras negras pascaban
    sosteniendo en las manos
    nuestra supervivencia.

    Esta ciudad es íntima, hermosamente obscena,
    y tus manos son pálidas
    latiendo sobre ella
    y tu piel amarilla, quemada en el tabaco,
    que me recuerda ahora
    la luz artificial del alumbrado.

    Vuelvo hacia ti. Mi corazón de búho
    lo reciben sus piernas.
    Como testigos mudos de la historia
    acaricio las cúpulas perdidas,
    palacios en ruina,
    fuentes viejas
    que recogen la luna
    donde van a esconderse los últimos abrazos.
    Verdes en el cansancio
    de todas las esquinas
    esta ciudad me mira con tus ojos de musgo,
    me sorprende tranquila
    de amor y me provoca.
    Amanece
    moradamente un día
    que las calles comparten con la lluvia.
    La soledad respira más allá
    de las grúas
    y mi cuerpo se extiende
    por una luz en celo que adivina
    los labios de la sierra,
    la ropa por las torres de Granada.

    La madrugada deja
    rastros de oscuridad entre las manos.
    Oigo
    una voz que clarea. Lentamente
    los tejados sonríen cada vez más extensos,

    y así,
    como una ola,
    entre la nube abierta de todos los suburbios,
    esta ciudad se rompe sobre las alamedas,
    bajo los picos últimos
    donde la nieve aguarda
    que suba el mar, que nazca la marea.

    De "El jardín extranjero"
    Luis García Montero

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  3. Saludos Herminia.
    Me encanta que pasees este trocito de mi y compartamos gustos poéticos, como la obra de este Granadino cuya poesía disfruto muchísimo.
    Gracias por este poema que me compartes y que no conocía.
    Granadina tenías que ser, esa ciudad que embruja de belleza.....
    Un abrazo

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Lo que escribo habrá valido la pena si llega a ese otro lado que eres tú.
Es entonces cuando firmo...
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