DE ALMA A ALMA

viernes, 9 de diciembre de 2011

Los dioses colibries de Antonio Arroyo Silva


Los dioses colibríes, los del principio exacto,

los que llenan alientos con bandadas de luz,

los que suben montañas para llenar honduras

con pétalos sin labios y caballos de sed.


Oh levedad de estar en su pico el destierro.

¿Quién te mandó a meter tus narices volátiles

en la espuela amarilla? ¿No oliste su destello

cuando te pergeñaban en las flores del habla?

¿No asomaste entonces tu pico de cotorra

y silbaste su tacto por la piel herbicida?



Te siento tan pequeño, tan asido a mi sombra,

que flotan en mi hoguera tus alas de geranio.

Me desuello de ti, déjame en las acacias

si te vas con tu piel a soñar con mi carne. 

Antonio Arroyo, Los dioses colibríes.



He zurcido el pellejo de una sombra
a la piel que le escuece a tu santa perfección
y has bajado del hielo como un mamut insólito
a soltarte del nudo que te amarra al abismo.
CASI LUZ

jueves, 8 de diciembre de 2011

Carnaval de Poesía de Celsa Barja




Una fiesta de agua,
cortejo líquido de burbujas y plumas
arrancando la voz dactilar...
Se celebra la vida
pulsando los dedos un poema de notas,
de compases y claves,
lexía sin verbo
del más hermoso carnaval...

A veces, creo que sentir es investigar en lo invisible, consentir a las figuras que salgan del olvido. Entonces el lenguaje y todas las palabras parecen aludir a una palabra perdida, a aquella que está más allá del pensamiento, la que engendra el silencio, la matriz por excelencia de todo concepto... Sí, a veces creo que no es necesario escribir poesía para que ésta se cumpla, como nunca está en la mente lo que se conoce... He descubierto que hay un gemido que se integra en el universo: la música... Si ella contiene todas las palabras, las más puras porque no se pronuncian, entonces ella es Poesía...
Celsa Barja

Mi amor de H. Lagos Sch. De "Ironias de mi Reino",1995



Mi amor-hoguera
te crepita toda
mujer leño.
Mi amor-lluvia
se derrama, cascada,
hasta tu sed.
Mi amor-frutal
se esconde en el cesto
de tus besos.
Mi amor-estelar
se incrusta en el espacio
de tu pelvis.
Mi amor-metal
funde estrias apasionadas
en la fragua de tu cuerpo.
Mi amor-sangre
circula subterraneo
en tus arterias.
Mi amor-aire
aletea inevitable
en tus entornos.
Mi amor-olvido
late imposible
en tus latidos.
Mi amor-constante
como la vida, es tan
tuyo como tu misma.

 H. Lagos Sch. De "Ironias de mi Reino",1995


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martes, 6 de diciembre de 2011

Pacto de estrellas


         

 Aquella noche luna y cielo pactaron hundirse en su vientre y preñarla de ganas de versos y vino. Dicen que entró al bosque y vagó descalza hasta que entro a morir a lo más profundo de un pozo. Gotas de vino a sangremojaron sus labios y de ellos brotaron ebrias palabras de amor. Sus propias lágrimas anegaron la sed de su  cuerpo y la intermitencia de la desgarradura le indicó que estaba de parto. Nunca le había dolido tanto escribir un poema. Era un poema bello como la noche negra, brillante como un collar d eestrellas , triste como una luna enamorada, y profundo como el amor que hacía tiempo le llenaba el alma.
Dicen que aullaron lobos para acompañar el último grito y que el viento retuvo el aliento hasta que ella suspiró su alivio. Acarió su útero herido una suave llovizna de estrellas.
Cuando lo tuvo en su piel  le buscó la mirada. Era un poema viejo y niño a la vez que venía a recordarle lo lejos que estaba su único verso.


Teresa Delgado © 2011

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lunes, 5 de diciembre de 2011

METÁSTASIS de Emilia Marcano Quijada


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Un diminuto coleóptero sobrevolaba el techo



se detuvo en una esquina de mi almohada



.... centenares de ojos nos miraban.....



Todo el divino desorden de aquella cama!

Toda aquella suavidad de tulipanes



Sábanas rosadas borrachas de fluidos

Tu... encima de mi, sudorosa, enloquecida

tratando tiernamente

de comerte el mundo en una mordida




Un minutero cabalgaba sobre miles de latidos



El insecto voló en fracciones de segundo

Tu y yo nos impregnamos de un solo orgásmo

y volvimos a morir de niebla



@EMILIA MARCANO QUIJADA 2011





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    El retorno de Sarah de René Rodríguez Soriano


    "La vida entona su canción,
    La vida ríe para ti.
    Adiós querido corazón.
    Sarah, Sarah, sé muy feliz".
    Charles Aznavour


    QUÉ DE VUELTAS DA LA VIDA, Sarah. Pensar que jamás podré borrar de mi memoria el impacto que me causó encontrar a Albita con los ojos descosidos de lágrimas; abrazándome desesperada porque Lucio, Lucio Armando, su querido Lú, había caído ametrallado por una patrulla, en brazos de tía Pancha; o aquél otro sábado en que, de repente, al entrar sin leer en el pequeño avisador, crucé la puerta del Salón Azul de la Funeraria La Altagracia y me encontré frente a frente con el velatorio de José Alberto, mi otro yo, mi gran amigo, hermano; José Alberto allí, con la sangre helada y la última mirada perdida en una imagen que ya nadie jamás pudo descifrar y tía Ana, desolada, llorando como loca y Martha y Aura y Pamela, la pobre Pamela, dos noches antes ilusionada con su impostergable boda, el mes que entra, Jorge, no lo olvides, y yo, seguro, Pam, seguro, tan seguro de la vida, del momento, la boda o mejor la vida que acababa de jugarme/jugarnos tremenda vuelta.

    Como la vuelta que me está jugando ahora, aquí, otra vez frente a frente, tú y yo, en el mismo lugar donde hace 25 años, despidiendo a tu abuelita Rosaura, nos conocimos y dimos inicio, primero, a una singular amistad; más tarde, a una tórrida complicidad, loca, sin límites y, luego, sin acuerdos ni testigos, el amor, despavorido y tierno. Tu y yo, disparados como lagartos contra la eternidad y el tedio.

    Y ahora, que vuelvo a sorprenderte, con los párpados erosionados por el llanto, se me nublan los recuerdos y busco en mis adentros, me pregunto y desando los lugares, a ver si encuentro justificación a mis vaivenes de estos últimos seis o siete años. Ahí estás, Sarah, como siempre, es más, más Sarah que nunca, toda tú. Dueña de ti, dueña de la situación, del momento, del espacio, como aquella noche cuando nos conocimos y empezó todo. Te ofrecí cigarrillos, recuerdo que salimos a esa especie de balcón o altillo que da a la avenida y uno avista los automóviles y los que llegan como desde una especie de mirador. Fumamos y hablamos de la niñez, tus ojos, más allá de las lágrimas, tu pelo y tu voz nombrando, nombrándola sin aspavientos. Cómo olvidar esta fecha, sábado por demás, si en ella, aunque te conté todo sobre mí y mis frustraciones con el tipo de personas con las que tenía que tratar y el desconsuelo que me causaba haber tenido que dejar la universidad para ponerme a administrar el negocio familiar, comencé a cortejarte y a rondarte.

    Seguimos frecuentándonos, recuerdas. Yo andaría por los 17 ó 19 y, además de tener que pasar largas horas organizando y calculando estúpidos eventos sociales y comerciales para mis clientes, comenzaba a cobrar cuerpo en mí esta pasión que nunca pude precisar la fecha en que me nació y creció. Esta necesidad vital, esta afición sabatina de visitar, puntualmente, entre 8:15 y 9:45 de la noche, por lo menos dos funerarias y, al azar, elegir uno de los salones para participar de las honras fúnebres que allí estuvieran celebrándose y luego, eventualmente, compartir un momento con deudos y allegados de los finados.

    Este ir y venir de Savica a La Humanitaria y otras tantas de pueblos y ciudades que no vale la pena recordar ahora, tiene para mí un valor incalculable. Entre muchas otras cosas importantes, me ha dejado la satisfacción de conocer y entrar en contacto con personas que, tanto en el plano afectivo como en el profesional, han marcado huellas significativas en mi camino. Eres el más vivo ejemplo y, ni qué decir de lo provechosas que han resultado ser muchas de las relaciones desarrolladas en mis peregrinaciones de sábado por la noche, para el desenvolvimiento de mis negocios que, paradójicamente, son, o están en la acera frontal de las actividades que tienen lugar en una institución como ésta.

    Asisto a los velorios por la convicción que tengo de que lo necesito tanto, como necesitan la oración los que acostumbran dedicar unas horas a esta actividad o, simplemente, reunirse, como lo hacen otros, con amigos, a tomar tragos, conversar, conspirar, en fin. Nadie podrá criticarme, Sarah. Ni cuestionarme, como tampoco yo la emprendo contra los que, cada domingo o sábado, se levantan apenas sale el sol, toman café, preparan un termo o neverita con agua, refrescos o cervezas y se van para una cancha o estadio a jugar baloncesto o béisbol, cada cual hace con su tiempo lo que le venga en ganas. Yo voy de funerarias.

    Sólo Dios sabe que mi intención, jamás, ha sido la de usar esta actividad como trampolín para hacer negocios o promover mi compañía. Es más, aunque nunca te lo dije, ahora me da por creer, que adopté mi religión de asistir a los velorios como una purga, en realidad, siempre he sentido vergüenza de haber tenido que abandonar mis estudios de arquitectura para tener que pasar a bregar con toda suerte de frivolidades y chucherías con gente que no aspira a otra cosa que a salir en las sociales de los diarios o echarle tres faroles al vecino.

    Mis familiares, y todos los que me han tratado de cerca, principalmente tú, Sarah, pueden atestiguar con la pasión con que he cumplido mi rol. Ningún motivo o contratiempo ha impedido que, hasta la fecha, cada noche del sábado yo participe de un funeral. Incluso, cuando he tenido que viajar, cuestiones de trabajo, vacaciones u otros motivos, si tengo que pasarme uno o varios sábados en alguna ciudad extraña, lo primero que hago es ubicar la o las funerarias más cercanas al sector donde me alojo.

    Si bien es cierto que he cultivado amistades y, por qué no decirlo, buenas relaciones comerciales, también no me han faltado las experiencias amargas, al descubrir, sorpresivamente, que un conocido lejano o amigo entrañable fue el elegido de esta noche del sábado por mi azar y Las Parcas. Y así, como no puedo precisar, entre esta masa de recuerdos coagulados, nombres, lugares exactos y otras fechas importantes, fatídicas, tristes, pesarosas. Siento, lo sé, Sarah, que dejé en algún rincón los dolorosos golpes que te asesté en el alma, a ti, que me sabes tanto, que me acompañaste pacientemente y, cada sábado, hasta hace más o menos siete años, me esperaste ansiosa para afligirte o sorprenderte de la cercanía o lejanía de los que se iban con mi lotería de la noche.

    Pero hoy, justamente 25 años después de nuestro coincidencial encuentro en este Salón Dorado, de La Paz, donde te sorprendo, de negro, triste, muy triste, Sarah. Ya sentada en primera fila. Ya consolando a Maura. Ya despidiendo a Alfonso. Es cierto, que no puedo contenerme y quisiera. Es más, intento acercárteme. Abrazarte y besarte, aquí, delante de todos y pedirte perdón por este ruin abandono, llenarte de mimos, de ternura y calor. ¿Mas, de qué me valen estas ganas y este impetuoso amor de última hora, si la sangre helada en mis venas me impide levantar este cristal del ataúd que me separa del mundo que aún palpita, de tus ojos, Sarah? © Bala perdida y otros hallazgos, (1996)

    domingo, 4 de diciembre de 2011

    Te quiero de mil maneras diferentes de Sonia Iris Menendez




    Te quiero de mil maneras diferentes
    Te quiero en el borde de mis labios lamiendo un ilusorio beso
    Te quiero entre mis piernas temblando un orgasmo fantaseado, habitado por lo etéreo de tu sexo
    Te quiero con la mente atolondrada entre ideas que no rinden coincidencias y un corazón de loba aullando sus latidos a la luna, llamándote mi lobo hacia mi cueva
    Te quiero cuando nadie se da cuenta y cuando el mundo rueda y rueda y rueda…
    Te quiero entre el sonido de ese fuego en el hogar de algún invierno y las rosas del jardín que auspician tu venida en primavera
    Te quiero en lo árido del nunca, en el oasis del siempre, con la explicación de un jamás, con la eternidad del saberte
    Sonia Iris Menendez
    Derechos Reservados





    https://www.facebook.com/simenendez


    A ELLA de Margarita Parada Palma



    Y ella se fue
    respirando impasible el latir de la noche
    abandonó las esquinas cargadas de faros
    y promesas del día
    Y a veces...
    Algunos besos mordidos en la piel de su alma
    Se fue...
    Como si llevara un saco de inviernos cocido a la espalda
    y en la boca colgando
    el último canto de un amante invisible
    La espera se hizo ancha
    como un puente infinito de lunas
    Creció pasto en las huellas del polvo
    En los trajes doblados del tiempo
    Y la lluvia colmó de migajas azules las penas extrañas
    Avanzó sin parar en ayeres
    caminó desnudando su historia
    liberada de culpas bailando en su risa de luces y sombras
    Construyó un camino de soles y espejos y cielos abiertos
    Atrás el abismo....
    Diciembre... Un buen mes
    para dejar dibujada en las sombras 
    un esqueleto de estrellas....

    © margarita parada palma

    D I C E N de Patricio Sarmiento Reinoso




    Dicen que mis ojos no entienden, que mis arterias se secaron, que la sangre ya no fluye y que solo hay piedras en mis venas.

    hablan también de la ubicación de mis esporas perdidas, de la ebullición de mis pestañas, de una espina que baila en la ruta negrísima, entre un resuello de mármol y un asombro.

    sienten lo que dicta mi flama extinguida y espesa, como almíbar que habla y ejecuta un bolsillo, como letra forajida sin control de mi mano, desbocada, intuyendo cada distancia recién dejada.

    piensan en la sal de mis mejillas luego de saciar el agua de mis ojos, en taquicardias remotas, en azulejos perdidos; piensan en la luz que ya no trina, y solo espanta los espejos. Así piensan

    dicen que los versos me repelen, desde que morí.


    ©Patricio Sarmiento Reinoso



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