DREAMER

jueves, 6 de septiembre de 2012

DE AMANTES Y DE LIBROS


 
 
Ella abrió su libro de par en par y comenzó a susurrar muy despacio sus húmedas palabras. Él escuchaba cada sonido mientras observaba absorto el movimiento de aquellos labios destilando promesas. Cada fonema caía como uvas frescas en una boca de lengua sedienta.  Ávido del pan y el vino de aquel encendido cáliz aguardaba, como un niño, cada matiz, cada inflexión, cada significado.
Aquella mujer lo había cautivado hacía tiempo. Todo lo hacía bien a su parecer pero lo uq más le fascinaba era su manera única de leer. Adoraba su voz y como por su boca salían absolutamente vivos, los personajes, los aromas, los atardeceres, las lunas y las estrellas, las batallas antiguas, los mares impetuosos y el amor...todo lo que ella capturaba en un libro y resucitaba para él en un acto de alquimia perfecto y excitante que se acomodaba, ya vuelto emoción,  en cada uno de los pliegue de su alma y de su cuerpo.
A él le encantaba ver como ella acariciaba con su dedo índice, cada palabra, cada línea, saboreando incluso los puntos y las comas, irguiéndose  con elegancia y levedad en los acentos y suspirando largamente en los puntos suspensivos.
La estancia se aromaba de infinitas historias posibles. Las que ella contaba, las que él imaginaba sobre la piel de ella...
Pasar una página se volvía un acto de incertidumbre y pesada expectativa en el que él se sentía morir ahogado en el profundo océano de sus ganas...
Ella, absolutamente emocionada con la lectura, permitía que sus ojos se encontraran de vez en cuando con la mirada de aquél que ya tan solo deseaba volverse la contraportada que de pronto, cayera encima de aquella hermosa historia volviéndola parte indisoluble de su memoria guardandola dentro como los libros guardan lo que contienen, como un sagrado legado, como su más intimo secreto por los siglos de los siglos.



Teresa Delgado © 2012
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