DREAMER

sábado, 8 de septiembre de 2012

LABERINTO ESMERALDA


 

 Mis huesos por fin encontraron la senda al hilo del rojo destino. La muda serpiente se enrosca en la roca esmeralda y a golpe de latidos exhorta a borbotones las sagradas palabras.

No hay minotauro que impida que vuelva a mi tumba, allí donde yace la boca que contiene mi aliento, las venas que pulsan mi sangre, el pecho que palpita mi vida, el dorso que porta las alas de Ícaro.

Allí donde me espera su beso. Allí donde quizá decida volverme viva.

 Teresa Delgado © 2012


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viernes, 7 de septiembre de 2012

FAUSTO VONBONEK TRAMPA PARA UNA GAVIOTA




TRAMPA PARA UNA GAVIOTA

Desnudo mi boca,
para que cada palabra te nombre desnuda,
sin Dios, sin memoria que nombre una
sola palabra distante a tu nombre
Te llamas igual que el amor nombraría los
suspiros que nadie ha olvidado,
porque el suspiro también se enamora y
también vuelve a casa donde un corazón ha
esperado su aliento
No olvidaré que mis labios dijeron tu nombre y
besaron tu pecho mucho antes, tal vez siglos antes de
haberte besado
No olvidaré tu mirada que hirió mis estatuas,
ciega y sin cielo dejaste a mi sangre al verter a
mansalva tu noche en mis labios abiertos
Si al menos hubieras abierto tus ojos como una
mañana al abrir sus doncellas
Mi corazón no es el mismo vampiro, no quiere
otra sangre distinta a la rosa que gira en tu noria
¿Cómo decirle que debe aprender a volar si se
arroja sin otra ilusión que latir en tus venas?
He callado por siglos,
he aguardado por siglos,
he visto nacer primaveras sin flores, sin calles,
sin un malecón para ver el oleaje y los barcos
hacer el amor sobre el suelo celeste.
He abordado tu cuello y cabalgo el pasillo que
lleva a tus ojos.
No prometo nombrarte si beso tu nombre y
tus ojos despiertan,
sólo prometo mirarte a los ojos,
decirte Amor mío, y cerrar velozmente mis
alas para que tú abras tus ojos aquí,
donde el tiempo es tan sólo un intruso.
© Fausto Vonbonek
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jueves, 6 de septiembre de 2012

DE AMANTES Y DE LIBROS


 
 
Ella abrió su libro de par en par y comenzó a susurrar muy despacio sus húmedas palabras. Él escuchaba cada sonido mientras observaba absorto el movimiento de aquellos labios destilando promesas. Cada fonema caía como uvas frescas en una boca de lengua sedienta.  Ávido del pan y el vino de aquel encendido cáliz aguardaba, como un niño, cada matiz, cada inflexión, cada significado.
Aquella mujer lo había cautivado hacía tiempo. Todo lo hacía bien a su parecer pero lo uq más le fascinaba era su manera única de leer. Adoraba su voz y como por su boca salían absolutamente vivos, los personajes, los aromas, los atardeceres, las lunas y las estrellas, las batallas antiguas, los mares impetuosos y el amor...todo lo que ella capturaba en un libro y resucitaba para él en un acto de alquimia perfecto y excitante que se acomodaba, ya vuelto emoción,  en cada uno de los pliegue de su alma y de su cuerpo.
A él le encantaba ver como ella acariciaba con su dedo índice, cada palabra, cada línea, saboreando incluso los puntos y las comas, irguiéndose  con elegancia y levedad en los acentos y suspirando largamente en los puntos suspensivos.
La estancia se aromaba de infinitas historias posibles. Las que ella contaba, las que él imaginaba sobre la piel de ella...
Pasar una página se volvía un acto de incertidumbre y pesada expectativa en el que él se sentía morir ahogado en el profundo océano de sus ganas...
Ella, absolutamente emocionada con la lectura, permitía que sus ojos se encontraran de vez en cuando con la mirada de aquél que ya tan solo deseaba volverse la contraportada que de pronto, cayera encima de aquella hermosa historia volviéndola parte indisoluble de su memoria guardandola dentro como los libros guardan lo que contienen, como un sagrado legado, como su más intimo secreto por los siglos de los siglos.



Teresa Delgado © 2012
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POEMA DE VICTORIA LÓPEZ



Han atravesado la siesta
los jazmines, culpables,
bajo los perfumados vientos.
Desde mi vientre a mis pies
brotan abejas.
Ya no me pertenezco,
la miel se escurre en tu boca.

En el fondo de los patios,
las alondras.
Me he vestido de estrellas.
Sobre tus ojos
crece el oscilar de mi lecho;
mientras la noche se detiene..

Victoria Lopez
https://www.facebook.com/victoria.lopez.1088

Batalla



Tras la tormenta, todos los navíos consiguieron acercarse a la orilla. A sus pasjeros nadie les esperaba allí. Llegaron exhaustos pero con el afán conquistador que les movió a aventurarse a otros mundos. Poco después de pisar la nueva tierra descubrieron en sí mismos a los supuestos vencedores y los imaginarios vencidos. Algunos se quedaron a construir nuevas realidades y otros retornaron en sus barcos y en sus cuerpos aunque nunca más fueron los mismos.
Hubo quién ni siquiera advirtió que en ese viaje habían encontrado el más exquisito de los tesoros. Otros, sin embargo se supieron ricos por y para toda la eternidad.

Teresa Delgado © 2012

 Teresa Delgado © 2012
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