DREAMER

viernes, 13 de septiembre de 2013

Perder la memoria de Mirta Venezia





Este ardor capullo prístino clavado hasta el fondo

de mi alma bosque de corazón transido azul frío.
Bosque allí donde se cuecen mis pozos ciegos.
La ceniza vuelco, apagando el graznido de los buitres
que merodean mi sangre.
Alguna lechuza mirando con sus ojos de empavonado llanto.
Y me da miedo mi vocación: palabras lanzadas cual saetas de lumbre;
cantar que nunca he sido simple y llana.
Este vivir lejos de la infancia;
cánticos sacros que atraviesan la carne hasta el oído;
cánticos que sólo yo puedo escuchar;
estos desmanes de la memoria que veces irrumpen
y vuelcan cajones atorados de recuerdos y fracasos y
azahares que nunca secan ni pierden su olor.
Este vivir lejos de la infancia
a veces ahoga o envenena.
Ay la divina risa como un talismán que lleva a la victoria.
Absurdo peregrinar estaciones de un tormento anunciado.
Sentir que haber puesto el cuerpo no soslaya el sufrimiento.
Este perder y ganar, y seguir intentando.
El piano callado y los muertos de esa casona que miran desde arriba
piadosamente y se santiguan.
Esta rayuela solitaria de mi mente que lleva a aquella vereda.
“Sale el sol, sale el sol en la esquina de mi casa.
Voy a ver, voy a ver la cigüeña solitaria”
Este no saber si quiero llegar a la verdad.
Este no saber si estar de un lado o del otro.
Esta ignorancia supina de mi misma y del mundo.
La vida es ojos del alma ciegos ante tanta luz.
Voy en busca de la llave de papel que en mi bautizo me entregaron;
la llave que tiene las respuestas.
No sé como silenciar la letanía de señales que irrumpe.
Lo único irrefutable;
Lo único que me apacigua es abrazarme a mis árboles de fuego,
al crepúsculo perenne que calienta el verso y mis raíces;
abrazarme a tus brazos porque
a pesar de toda la podredumbre, siempre sabe a miel la vida.

Mirta Venezia/Ley 11723





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