DREAMER

sábado, 21 de septiembre de 2013

Poemas de Cesarina Bento



Cesarina Bento, la poetisa de Agulo

La literatura romántica canaria no dio nombres especialmente significativos, y menos aún los dio en las islas menores. El caso de la poetisa de Agulo Cesarina Bento es, por tanto, un caso ciertamente paradigmático, aunque debemos matizar algunas cuestiones tal y como veremos después.
Nació en 1844, un 29 de enero, siendo hija de José Ramón Bento y Peraza de Ayala, y de Josefa Montesino Carrillo. Por tanto, ya los apellidos delatan la posición acomodada de la familia, siendo una de las principales terratenientes insulares de la isla y, esa condición social y económica, pudo favorecer la entrega literaria de la poetisa desde su juventud.
Con apenas diez años, esto es en 1854, su padre adquiere una finca en la isla de Cuba donde se traslada con su mujer e hijos y donde residirá durante nueve años. La estancia en Cuba no pudo ser más fructífera. La considerará como su segunda patria y la idílica vida –si entendemos como el Parnaso la soledad de la vida alejada de trabajo y emociones- pudo terminar por decantar la balanza de la jovencísima Cesarina por las letras. Pero, ¿qué tipo de composiciones poéticas realizaba? Eran meras anotaciones en un cuaderno donde la estela de los maestros románticos –en especial Espronceda y Gertrudis Gómez de Avellaneda- se ven claramente reflejadas. Lamentablemente, es demasiado poco lo que hemos conservado de su obra hasta nuestros días como para emitir un juicio de valor oportuno, partiendo de la base de que su poesía no es innovadora en el sentido de la métrica o del verso, sino una mera absorción de los efluvios de la poesía romántica que leía en la Cuba de su adolescencia.
La cuestión principal de su lírica comienza a manifestarse a partir de 1862, año en el que su padre decide regresar a su Gomera natal y, aunque enferma y el viaje se retrasa unos meses, la idílica vida del hacendado cubano en donde Cesarina conoció el arte y la poesía y, por qué no pensarlo, quizá el primer amor, pronto se tornó en un estado de melancolía y tristeza por el regreso.  Aunque Agulo era su lugar de nacimiento, Cuba lo era de su adolescencia. Este dualismo se vio reflejado en su poesía, en un cuaderno que titula Libro de Escanari Toben y Nontisemo, un acrónimo silábico de su nombre. Aquí anotará versos sueltos, poemas completos, fragmentos en prosa, y todo ello encuadernado con esmero en terciopelo estampado en pan de oro.
Cuando miro la noche estrellada
Y la luna esplendente en el cielo
Pienso en Dios, y un dulce consuelo
Mi alma triste comienza a invadir.
Y si miro ese campo espacioso,
Adornado de ceibas y palmas
Me parece un asilo de almas
Destinadas por Dios a vivir.
La tristeza del regreso creemos que queda claramente reflejada en este breve poema. Efectivamente, las ceibas y las palmas, el recuerdo de la Cuba feliz, de la hacienda, de los campos, del calor y el verdor destinados para vivir, esto es, el verdadero paraíso en la tierra para nuestra poetisa. ¿Cómo afrontar el regreso a La Gomera?
A su regreso a la isla, al balcón gomero que es Agulo, deja aparcada su poesía para casarse con un primo suyo, Fernando Bento, cuando tenía 26 años ella y 19 apenas aquel. La vida plácida de Cuba se transforma en una vida acomodada en la hacienda de los Bento en Agulo y allí formará una familia, engendrando cuatro hijos y abandonando, paulatinamente, la poesía que le había servido de salvoconducto en su etapa caribeña. Y, como bien reflejó en uno de sus últimos versos, se puede ser feliz en La Gomera.
Que allá en el fondo de mi mente ardía
Y era mi patria regresar un día
Y allí, bajo su cielo transparente
A la sombra del haya y los viñátigos
Alejados del mundo inconsecuente
Do sólo se hallan seres apáticos,
Vivir unidos por amor ardiente
Y sin oír discursos enigmáticos,
Que aun dura allí semilla primera,
Se puede ser feliz en La Gomera.
Aquí la ceiba y la palma se transforman en hayas y viñátigos. El regreso a la patria, de Cuba a La Gomera de cielos transparentes unidos por un amor ardiente (¿se refiere a su marido Fernando o a un amor dejado en Cuba?). Y es que, por qué no pensarlo, ella podía ser feliz en La Gomera, como de hecho parece que lo fue.
Muere finalmente en su Agulo natal en 1910 a los 66 años. Se apagó una voz personal y romántica casi desconocida, una mujer poetisa decimonónica, pero primera voz importante en la isla de La Gomera. Cesarina Bento Montesino, la poetisa de Agulo.
P. JEREZ


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