DE ALMA A ALMA

miércoles, 27 de noviembre de 2013

REENCUENTRO


  
Le salía luz de los deditos y mantuvo sus manos escondidas todo el tiempo que pudo. Le parecía una desgracia ser diferente al resto de los seres dotados de dedos. La tradición decía bien claro que ellos, los hacedores de caminos, habían de tener dedos fuertes, en ningún lugar se hablaba de luz. Un hacedor de caminos que esconde sus manos no tiene derecho a llevar tan digno nombre, así que se marchó por su propia voluntad bien lejos de los otros.
Muchas leguas y días pasaron hasta que se encontró en una noche tan oscura que apenas podía ver más allá de su nariz. A lo lejos, brillaba una hilera de luces y se dirigió hacia ella. Cientos de miles de seres con sus propias manos mostraban la dirección y los límites de un camino. Entonces supo que no era un hacedor de caminos sino un iluminador de ellos y por fin sus manos y su vida cobraron libertad y sentido.

Teresa Delgado © 2013



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1 comentario:

Lo que escribo habrá valido la pena si llega a ese otro lado que eres tú.
Es entonces cuando firmo...
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