DE ALMA A ALMA

lunes, 6 de enero de 2014

SISTEMA LÍMBICO





Las últimas palabras que escuchó antes de lanzarse al vacío fueron:
― ¡Siempre quejándote!
― ¡Qué sería de ti si yo no estuviera!
― ¡Si es que no haces nada que valga la pena!
― ¡La verdad chico, tampoco es para tanto!
Las palabras fueron volviéndose cada vez menos pesadas y más lejanas, más lejanas, más lejanas.
Cuando salpicó el duro y frío final del espacio, entendió que, una vez más, acababa de darle la razón a aquella inquisidora mujer.

Realmente siempre andaba rompiendo o ensuciándolo todo. Las baldosas de final del tiempo habían quedado un grotesco mosaico de huesos, tripas y sangre. ¡Una auténtica porquería!

También las paredes y hasta el techo que nunca tuvo daban habida cuenta del desastroso resultado de su acción.
Ahora, tan maltrecho como estaba, pensó que debería dejarlo todo tan limpio como segundos antes o tendría que volver a escuchar la voz de aquella pesadilla suya
― ¡Es que me vas a sacar del mundo!
De manera que comenzó la tarea sin rechistar,  incluso sin el brazo que se le quedó enganchado en una arista del silencio, y con tan solo un ojo puesto que el otro saltó, como lo hace una pelota en una mesa de pin pon hasta quedarse atrapada en una red cualquiera. No se quejaba porque  le pareció un gasto estúpido de energía ya que  a ella, como siempre, le iba a doler más cualquier dolor; aunque lo cierto era que le dolía muchísimo la cabeza, probablemente porque se llevó la peor parte en el impacto, o por la extraña manera en que se habían distribuido los sesos por todos lados.

 Siempre había sido especialmente habilidoso en el arte de engarzar rompecabezas pero esta vez le costó darle algo de sentido al que tenía delante. Finalizó la tarea con una extraña sensación de que le faltaba alguna pieza.
De repente, cayó en la cuenta de que se sentía extrañamente libre, por primera vez en su vida, estaba calmado, no tenía prisa, tampoco temor, remordimiento ni pena alguna. Desaparecieron todos los recuerdos, incluso los buenos pero le dio exactamente lo mismo, por más que lo intentó no pudo acceder tampoco a los malos recuerdos así que concluyó que venían en el mismo paquete y eso le pareció una maravilla.  Simplemente no sentía las cosas del alma.
Se preguntaba si la razón de ese súbito remanso de paz que le había sobrevenido pudiera deberse a la posibilidad de que estuviera muerto, pero recordó  ese elemento del rompecabezas que no logró encontrar y recolocar en su maltrecho cerebro y barajó la posibilidad de que pudieran ser piezas del sistema límbico.

En algún lugar había leído que dicho conjunto de estructuras está relacionado con las emociones.
Súbitamente decidió dejarlo todo tal como estaba, ya lo recogerían otros, le importó un comino lo que pudieran pensar o sentir cuando vieran aquel desaguisado y su deplorable estado.
Simplemente se quedaría a esperar a que el forense de guardia le confirmara si estaba vivo o muerto, más que nada para él organizarse.
Teresa Delgado © 2014



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