DREAMER

domingo, 16 de febrero de 2014

Cárceles





 Hay cárceles hechas de carne, de sábanas de seda, diseñadas por nalgas acomodadas en sillones desteñidos. Hay cárceles de horarios con gelatina en el pelo, tapiadas de facturas y con goteras en el techo por donde cuelan las lágrimas del miedo. Hay cárceles impuestas por manipulaciones efectivas, por cobardías tiernas, por gente que camina con los zapatos apretados y que pone las mesas a la misma hora cada día y con el mismo mantel. Hay cárceles para almas con las alas atadas y los cuellos estrangulados por corbatas invisibles. Hay cárceles repletas de deudas impagables, de presos asustados hasta de su propia sombra y de celadores carniceros que cortan las nubes en trocitos, para comerlas despacio viendo al preso consumirse en su hambre de cielo. Hay cárceles custodiadas por cocodrilos grasientos, por hechiceros esquizos, por espectros que han perdido la sangre y el cabello. Hay cárceles dibujadas con sonrisas tan tristes, con leopardos extintos de peluche, con papeles y llaves. Y hay cárceles que son las más escalofriantes, las que nos hacen convertirnos en pálpito de un vértigo; las más decepcionantes, las asesinas de palabras y de historias, las que envilecen amores deslumbrantes. Las cárceles peores, las más terribles de todas, descarnadas, dolorosas, degradantes, son esas cárceles donde es uno mismo el carcelero.

Martha Rivera Garrido.


https://www.facebook.com/pages/Martha-Rivera-Garrido/143834502352645


Safe Creative #0911260084719  Copyright © - Se otorga permiso para copiar y redistribuir este artículo con la condición de que el contenido se mantenga completo, se dé crédito al autor(es), y se distribuya gratuitamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo que escribo habrá valido la pena si llega a ese otro lado que eres tú.
Es entonces cuando firmo...
Cuéntame