DREAMER

jueves, 26 de junio de 2014

EL DIÁLOGO DE LAS DOS ROSAS DE EDMOND JABÉS




-Así pues, audaz amiga, me desafías en el alma.

-Soy fiel al amor

-El amor sólo se ama a sí mismo.

-Yo soy la vida. Él me pertenece.

-No siempre. Los amantes me ofrecen su vida.

-Los amantes desgraciados. No el amor.

-El amor es la trampa que tiendes a los hombres para vestirte con sus escalofríos,
para alimentarte con sus lágrimas.

-Luz en los ojos, eso es el amor.

-El amor devora los ojos que ven.

-Fría amiga.

-Mi cómplice. -Aquí, señala el discípulo de Reb Simoni,
hubo un largo silencio, luego la voz se hizo suplicante. Entrégame a Sara y a Yukrl.

-No puedo perderles.

-Un día, acabarás cediendo.
-Quizás, una mañana en que esté contenta; en cuanto se me hayan hecho insoportables.
-Aquí, creí oirla reír, observa el discípulo de Reb Simoni. -Tendrás algunas horas o algunas semanas, eso dependerá,
para arrancármelos.

-Cruel, sabes que sufren.

-El amor es mi juventud,

-Tú eres la vida.

-El amor es el dueño de mi vida.
-¿Por qué esas prisas? ¿Tanto te gustan? Te arrastras como una esclava. ¿Estás enamorada?

-El amor no me interesa.
-Entonces, ¿por qué quieres arrebatarme a mis amantes?
-Porque está en el orden establecido y también porque es mi oficio.

-Quemas etapas. ¿Ya no te importa mi placer? Me decepcionas.

-A veces soy tierna con los humanos.

-Por qué?

-Un poco por piedad. Me gusta que me crean buena.

-Estás celosa. Te mueres de amor.
-Mato todo lo que toco.

-Tu cuerpo está ebrio de caricias, tus pétalos están húmedos de besos esperados. Pero yo soy fuerte. Soy tozuda.
Me divierte hacerte esperar.

-Te obstinas en hacerme daño. Pero ten cuidado. Puedo vengarme.

         Aquí, me pareció, señala el discípulo de Reb Simoni, que se aproximaron la una a la otra y
        que su actitud era desafiante.

-Confiesa que te gusto; que a través de las parejas que me exaltan, es a mí a quien deseas.

        Se daban la espalda para enfrentarse poco después con su odio desatado, señala el
        discípulo de Reb Simoni.
-Hija.

-Qué amable confesión.

-No me faltan recursos. Me haces daño. Tú lo sabes. Mi deseo me desgarra por completo. Tanto peor. Tanto peor.
Tanto peor. Eso sólo me importa a mí.
-Te desprecio.

-Te amo con un amor imposible. Elimino a los que me impiden abrazarte. Con sus ojos, hago dos tragaluces,
con su cuerpo, un navío perdido. Los más voluptuosos son los más vulnerables.

              Debieron transcurrir unos cuantos minutos, observa aquí el discípulo de Reb Simoni,
              de los que apenas me acuerdo. Hasta mí llegaban fragmentos de palabras cuyo
              sentido no alcanzaba a comprender; luego oí muy claramente:

-Cállate. Me dejas helada.

-Eres la nieve que se funde en abril.

-Soy la fiebre. Soy el sol. Odio el agua, las mortajas.

-Mueres por cada nacimiento. Preparas con talento a los seres, al mundo, para su fin anunciado. Loca que les hablas de mí.
Eres la antecámara. Yo soy el lecho. Tus víctimas me piden socorro. Sus gritos forman un gran collar alrededor de mi cuello. Entonces, surjo entre ellos en mi esplendor inaccesible. Me apodero para siempre de su mirada. Con ella, hago un camino,
hago un arco iris.
-Déjame vivir. Déjame alimentarme con mi vida.

-Déjame, mi rosa pródiga, saborear mi muerte.

                  Cuando me acerqué a ellas para asegurarme de que eran reales, señala el discípulo de
                  Reb Simoni, me encontré ante dos rosas abiertas a la avidez de una abeja que habían recuperado su existencia vegetal.

«Yukel, escribía Sara, ¿es verdad que la muerte nos parece hoy preferible al mejor momento que hayamos conocido
en nuestra corta vida?»



Reseña biográfica

Edmond Jabés

Poeta egipcio nacido en El Cairo en 1912.
Hijo de una familia judía italiana, recibió una esmerada educación clásica francesa. Empezó a escribir muy joven y viajó a Paris en la década de 1930 donde trabó amistad con Max Jacob quien fue su asesor y su guía.
En 1957, a raíz de la expulsión de la población judía por el gobierno egipcio, se radicó definitivamente en Paris, retomó su amistad con algunos intelectuales, y adoptó más tarde, en 1967, la nacionalidad francesa, convirtiéndose en uno de los poetas más influyentes de la posguerra. Recibió el Premio de la Crítica en 1972 y fue nombrado miembro de Legión de Honor en 1986.
Entre 1943 y 1985 publicó  "Libro de las preguntas", "Libro de Yukel", "Libro de las semejanzas", "Libro de los límites", "Libro de los márgenes" y "Libro de la hospitalidad". Otros títulos suyos son: "Yo construyo mi morada", "La memoria y la mano", "El pequeño libro de la subversión fuera de sospecha",  y "Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato".
Falleció en Paris en el año de 1991. ©



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