DREAMER

sábado, 27 de febrero de 2016

PLUMAS



Cuando advirtió quién le arancaba las plumas ya casi estaba desnuda. Tan en su cabeza había estado viviendo que no sintió el frío hasta que casi fue demasiado tarde. Hay seres que no soportan los plumajes de otros y también los hay que son capaces de morir ateridos antes de admitir que aquel a quién aman tan solo construye una morada de plumas ajenas para abrigar su pretensioso y desalmado ego.

Teresa Delgado © 2016

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