DE ALMA A ALMA

viernes, 11 de marzo de 2016

ARENA

Mujer de la Arena Fotograma mujer desnuda tumbada en el suelo en salón




Odio esta inexistencia,
esta imposibilidad,
este desasosiego amor,
esta insana impertinencia
al territorio de tu cuerpo.
Odio que mis labios 
solo signifiquen 
las palabras que circunscriben  tus coordenadas.
y haber vuelto territorio baldío
el que resta a la geografía de tus manos.
Odio que sobre la piel de tu sueño
se amontone el deseo
el estertor,
la saliva,
la herida del frío
el absurdo crepitar de un tiempo
destiempo.
Nada hay más hondo
que una ausencia
penetrando otra ausencia,
nada más cruel,
nada más poema.

Teresa Delgado © 2016 



 Título: “La mujer de la arena” (“Suna no onna”)
Autor: Kobo Abe

Año: 1962

Sinopsis:


     Jumpei, un profesor aficionado a la entomología, se acerca a la playa un domingo por la mañana en busca de un peculiar insecto. Vagando por las dunas, encuentra un pueblo de pescadores sucio y polvoriento que parece que va a desaparecer bajo la cantidad de arena que alrededor se deposita.

     Al poco tiempo, como ya es tarde y los habitantes del pueblo le indican que el camino de vuelta es muy peligroso para volver cuando empieza a caer la noche, decide quedarse accediendo a la invitación de estos.

     Engañado por el ardid de los lugareños, termina atrapado en una casa que se encuentra en un agujero de arena, sólo con una sensual viuda y obligado a cavar y sacar de la casa la arena que en ella se deposita sin cesar, para sobrevivir y tratar de huir.

     Una trama que, lentamente, se arrastra como las dunas. Una historia capaz de atraparte y que resulta fascinante como las arenas movedizas. Sentirás la sal en los labios, la arena en los ojos y grietas en la garganta. Ese es el encanto de la pluma de Kobo Abe.


            “La mujer de la arena es una obra de un fluir imparable y poderoso, el de la arena que avanza metro a metro para absorber las cosas y los seres, envolviéndolos en un manto de olvido. Kôbô Abe plantea de forma intensa y precisa el conflicto del hombre enfrentado a sus propios límites, el sentido de una existencia encerrada en un universo dominado por la obsesiva presencia de la arena, el ritmo de su constante movimiento, su tacto y su sabor. Un mundo en el que no existe más realidad que la materia, que sólo se puede aprehender a través de una exacerbada sensualidad.”



     Algo muy grande tiene esta novela, cuando tras publicarla fue la que lanzó a la fama internacional a su autor, Kobo Abe, y al poco tiempo se rodó la película con el mismo nombre. Película que por cierto, estuvo nominada a los Óscar y ganó el premio Especial del Jurado de Cannes en 1964.

     Kobo Abe, que tras formarse como médico tras la Segunda Guerra Mundial, jamás ejerció dicha profesión; teniendo claro que se trataba de una persona con numerosas inquietudes artísticas y dotado de una gran inventiva e imaginación, su destino estaba claro: el arte en general y la escritura en particular. Esta novela es un claro ejemplo.



Reseña “La mujer de la arena”



     El mito de Sísifo. La obligación de realizar tareas absurdas y sin esperanza, para sobrevivir. En esta idea tan kafkiana parece descansar el argumento principal de esta pequeña obra de arte. La obsesión de Kobo Abe con la sociedad japonesa de su época, está plasmada en gran medida en este libro.

      La narración tiene una estética onírica y simbólica muy potente. La arena, símbolo del paso del tiempo, cae constante y repetidamente sobre los habitantes de la casa, como una maldición de la que no se puede escapar. Todos somos prisioneros del tiempo.

     La sensualidad de la narración y de la situación da pie en ocasiones a un componente más sexual, la atracción del protagonista y de la viuda parece un juego de seducción potenciado por la necesidad y la relación amor/odio que el tiempo encerrados, tratando de sobrevivir, y la rutina no hace sino aumentar. La tensión sexual y la necesidad de desahogarse mutuamente está siempre presente.


      La novela trata sobre la opresión de la sociedad, que nos empuja en ocasiones a la soledad e incluso en algunos casos extremos, al aislamiento por falta de empatía. El individuo que no se quiere adaptar a una sociedad que considera enferma. Este papel está mostrado en el profesor, que representa a quien se opone a dejarse arrastrar, mientras trata de labrar su destino.

     Mientras tanto, la viuda, que perdió a su marido en una tormenta de arena, necesita a Jumpei para sobrevivir. El ser humano es gregario por naturaleza y la presencia de otro ser humano con quien compartir esfuerzos y penas se convierte en necesidad vital. Esta mujer de la arena, representa la aceptación y la resignación a un destino cruel e implacable.

     La arena es el elemento principal de esta novela. Por si misma, con el tiempo, es capaz de erosionar hasta la roca más dura. En la novela ha minado la moral de todo habitante del pueblo que, incapaz de abandonar la zona para no perderlo todo, no tiene otra opción que, como Sísifo subía una y otra vez rocas de un agujero que jamás se vaciaba, sacar la arena para que no se deposite en exceso.

     La sensualidad, es el segundo elemento. La continua compañía de otra persona, en ocasiones ajena, extraña e incluso hostil, por momentos se torna necesaria, sugerente y atractiva. El juego que despliega la viuda, cuando en ocasiones debido al calor lleva el torso desnudo y este está impregnado de arena pegada en el cuerpo por el sudor, no hace sino de cebo para que Jumpei ceda a un instinto primario y desee el cuerpo de esta, con su anhelo de compañía.

     El desarrollo de la novela nos muestra una evolución en la psicología de Jumpei. Su motivación es escapar y, como bien saben los psicólogos sin motivación no hay nada, gracias a ella no termina de venirse abajo y trata por todos los medios de utilizar su astucia para mantenerse activo y con esperanzas, pese a la actitud del resto de habitantes del poblado, que permanecen como la masa que obliga al individuo y lo mantienen prisionero.


    La narración se muestra lenta, que no aburrida, e implacable. El destino de Jumpei parece irreversible, ya que se enfrenta a la colectividad y a los elementos, pero en el fondo, depende de sí mismo. Como comentaba al principio, sentirás la sal en los labios. Kobo Abe es uno de los grandes autores, capaz de introducirte con sus descripciones tan dentro de la escena como si fueses el tercer habitante de la casa.
    Con un final poético, nos muestra que siempre a pesar de todo, en nuestras manos está el poder elegir. Con la aceptación de las situaciones de la vida, y sabiéndose capaces de conseguir nuestros objetivos con perseverancia, de repente llega la liberación mental de toda carga y preocupación.

Con esta reseña, yo soy los vecinos que te llevan de la mano a la trampa.
Tú eres el profesor que ha caído en esta y te verás atrapado hasta el final.
El libro es “La mujer de la arena”, que te fascinará y seducirá para que estés con ella hasta el final.

Lo mejor: Una narración con un ritmo y un tempo muy suaves, pero constantes. Como con la música clásica, momentos de tensión y estridencia que te pondrán alerta. Un bello relato con la delicadeza de la poesía.

Lo peor: Nada. Tan sólo depende de ti disfrutar del relato, de la ambientación y de las descripciones. Lo peor puede ser empezar a leerlo sin prestarle toda la atención que esta novela merece.
tomado de:



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miércoles, 9 de marzo de 2016

SOMBRA



#‎Insight‬ Se armó de valor e incosciencia y le alcanzó los pasos.
Se volvió la sombra perfecta . Ciega,sorda, muda y sombra.

 Teresa Delgado © 2016
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lunes, 7 de marzo de 2016

Y NADA...





A White Demon Love Song 

Danzan las nubes,
se deshacen y escancian amor,
gotean liquidas manzanas
que no apagan la sed
ni el fuego del pecado original.
Cuando las yemas de mi alma
logran rozar tus cicatrices,
desapareces
como si fueras bruma
o sueño.
Vuelan pájaros o heridas,
a manos llenas,
como notas de sal,
como gritos sin voz.
Vuelan de espaldas al mundo,
se acercan,
se alejan,
se vuelven  melodías azules
dotadas de labios
dotadas de silencios
dotadas de amor,
de todo el amor,
estallan de amor
Y nada.


 Teresa Delgado © 2016



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