DE ALMA A ALMA

jueves, 29 de junio de 2017

DE BAILARINES Y POETAS









En un paso de cebra por la zona de Vegueta, coincidí con un peatón muy peculiar. Un señor de pelo blanco que apoyándose en su bastón, cruzaba a un ritmo particularmente lento, repitiendo una y otra vez:
—Yo que he sido profesor de danza toda mi vida me veo ahora que no puedo bailar la danza del fuego, ni la leyenda del beso.¿Cómo se come eso?
Durante la coincidencia en el trayecto se lo escuché dos veces seguidas y mientras lo iba dejando atrás, camino a la otra orilla de la carretera, comenzó a volverse un guineo, una rutina...
Entonces me di la vuelta y lo vi a mitad de trayecto, semiagachado mirando al suelo con paso lento y la particular letanía que ya, sin quererlo, había adoptado yo:
—Yo que he sido profesor de danza toda mi vida me veo ahora que no puedo bailar la danza del fuego, ni la leyenda del beso.¿Cómo se come eso?
Lo aguardé junto al semáforo y lo imaginé ejecutando un arabesque, un assemblé o un elegante brisé volé...cuando llegó le dije:
—Maestro, veo que también es usted poeta.
Levantó la cabeza de suelo y me regaló una amplia sonrisa de dientes postizos que duró unos segundos pero que yo aun mantengo en la retina. Acto seguido volvió a encorvarse, se apoyó de nuevo en su bastón y se encaminó hacia el siguiente paso de cebra.
Él en dirección este, yo en dirección sur. Ambos con la misma cantinela en la cabeza:
Yo, que he sido profesor de danza toda mi vida 
me veo ahora que no puedo bailar la danza del fuego 
ni la leyenda del beso.
¿Cómo se come eso?
A la que sonriendo de soslayo yo le añadía cada vez:
«Con poesía. Se come con poesía»


Teresa Delgado © 2017



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